jueves, 29 de febrero de 2024

Cáscara

Temor a enfrentarme a esta hoja en blanco. A tratar de desatar los nudos que han estado acumulándose durante meses. Temor a pensar. Temor a mirar atrás y ver cómo las que fueron prometidas como mejores páginas de este libro carecen de sentido y rebosan palabras vacías, cáscaras quebradas de una historia que se hunde en lo irrelevante de una predicción sin fundamento. 

Sentir que cada vez caminas más despacio y que al mismo tiempo no puedes disfrutar del paseo. Tu cáscara está, pero tú no. Angustia. Estás en una nube que te acerca al abismo de perder todo lo que tenías abajo. Quieres aferrarte a ello. Pero vas despacio. Y te alejas. Y no eres capaz. Angustia.

Miedo a dudar. A hacer temblar los cimientos que tus decisiones tomaron. Miedo a pensar en la posibilidad de huir. Miedo a realmente valorar tus opciones. Miedo a reflexionar sobre aquello que elegiste. Miedo a soltarte. Miedo a no hacerlo. 

¿Cómo es la vista a mitad de la caída?

Solamente dudas. Trajes de luces en caminos oscuros que anestesian dulcemente y transportan a un pozo sin fondo. Dudas. Tratar de sostenerse o virar, si es que acaso es posible cambiar el rumbo. Dudas. No saber si eres tú o tu cáscara. Dudas. Tratar de huir. Dudas. Culpable.


viernes, 29 de abril de 2022

Polilla

Buscaba las calles vacías. Elegía los caminos con farolas lo suficientemente tenues como para escapar y aún así ser encontrado. Sintió que el gato que  se topó en su camino desde lo alto de aquella cornisa lo comprendía mejor que él. Antes de que pudiera siquiera plantearse preguntarle, éste continuó su paseo nocturno y desapareció a lo lejos.

Cuando volvió en sí percibió a lo lejos las luces del puerto. Junto a este, de espaldas al mar, el macizo recuerdo clamaba el silencio de ese juramento que todos han hecho aquellos aquellos a los que quieren. 

Esta vez no se sentó junto a los barcos. Continuó dirección al faro a través de un paseo marítimo inundado por el vacío. A lo lejos, el susurro de unos pasos le recordó que nunca podría huir del todo.  El agua parecía más segura.

Perder de vista la luz del faro lo puso nervioso. Observó entonces las lejanas luces de los barcos pesqueros que parpadeaban como si ellas también estuviesen tratando de ocultarse sin éxito.

Una farola pereció a su paso y volvió a iluminarse al alejarse. A cada ocasión en la que él se volteaba ésta metamorfoseaba. Parecía esconderse y reírse de él.

Divisaba de nuevo el faro. El camino se hacía más estrecho, reduciendo las posibilidades de un cambio de rumbo que lo alejase de ese destino autoelegido. 

Cuando se postró frente a aquella escalera que una vez prometió egoísta como el mayor obsequio para sí mismo, se dio cuenta de cuán  absurdo había sido desplazarse hasta allí. Escribió este texto, se descalzó y puso los pies sobre la arena.

jueves, 27 de enero de 2022

De vuelta

Evitándolo a toda costa. No quiero esos círculos.

Podría calcar cada una de las líneas de ese boceto etéreo. ¿Por qué el papel en el que habito no tiene vértices? Deseo punzar trazos que escapen, que vislumbren el trayecto al que trasladaría cada una de mis falanges. ¿Por qué sólo hay oscuridad?

Difuminados reflejos no idénticos. No sé si es la oscuridad o la realidad. ¿Existe otra forma de llegar? ¿Una que realmente me lleve al prado donde la cierva no huya despavorida? ¿Seré entonces también una amenaza?

La nostálgica terapia que odié pierde su entidad. Una vez más la base se tambalea. Temo lo posterior al impacto. Temo la cura. Temo el después. Teorizaba sobre la semilla de una adelfa que germinaría robusta hasta la expiración de su maceta. De nuevo, entraron en el panteón y arrancaron la maleza. Mintieron. No era infranqueable. 

Incertidumbre. 

Llévame a ese bosque. A donde fui yo y casi dejé de ser. Llévame ahí y enciende la luz. 

Evitándolo a toda costa. No quiero esos círculos.
Podría calcar 

jueves, 12 de agosto de 2021

Capítulo final

Ni el faro lograba iluminar lo que quedaba del mar, ahora guardado, que se extendía ante él. Había pasado antes, sin planearlo junto al puerto. Todos aquellos barcos, vacíos e inmóviles, contrastaban con el murmullo agitado del paseo marítimo, para el cual el tiempo y la realidad eran falsas religiones.
Desde allí, junto a sus bebidas, podrían observarlo, en la semi oscuridad. Podrían pensar que era un simple turista el que se encontraba tumbado junto a una lata mirando hacia el vacío del mar. Quizá era alguien que estaba esperando a una cita o a unos amigos. Quizá simplemente era alguien que no podía más y que necesitaba sumergirse. Decidió centrarse en pensar y en tratar de entenderse. Quería encajar sus piezas cuanto antes para desvelar las razones. En sus adentros, una corazonada volaba. 

No se concentraba. Ni con su música lograba abstraerse. El tiempo comenzaba a pasar despacio y el deseo del auto análisis disminuía exponencialmente; y su mirada comenzaba a fijarse en su móvil y olvidaba el horizonte.

Algunos grupos se atrevieron a pisar la arena y pasaron cerca de él. Asi, descubrió que no se sentía cómodo allí, a la vista de aquellas personas. El mar estaba vacío. Los barcos, inmóviles. Se dio cuenta entonces de que no saldría de allí . 

lunes, 26 de julio de 2021

Sobredosis

 ¿Cuándo es demasiado? Mal formulado. ¿Cuánto y por qué es demasiado? Ni las cuentas de Bécquer ni las canciones de aquel que dijo que no es dueño de sus emociones sirven como respuesta. Las ramas sanas impulsadas por una raíz podrida y sus promesas están destinadas a  entrelazarse inertes en el suelo la una sobre la otra tras la caída. Una caída que sube constantemente mientras mantengan la esperanza y la ignorancia. 

Me pregunto si puede la raíz sanarse gracias a sus flores. Me pregunto qué hay detrás de su belleza, si hay un antídoto, si la esperanza que inocula es real o si simplemente es un castigo. Quizá simplemente existe como recuerdo de lo que se está creando y destrozando al mismo tiempo, enseñando lo que la rama podría haber creado y lo que está siendo asesinado antes de nacer. Creo conocer la respuesta.

Caminos inertes con una savia de aire viciado en su interior que ignoran que van a ser infectados y que se preguntan si serán los más extensos y si sus flores serán las más bellas o las únicas. No saben que no importa. No saben que da igual, que su destino es ese suelo que olvidaron que existía. Ignoran que su caída nunca ha estado más cerca y más lejos al mismo tiempo. Ramas que podrían lanzarse y reducir la debacle, pero que desean mantenerse unidas al robusto tronco sin conocer que bajo tierra sólo hay negro, putrefacción y enfermedad. 

Tal vez no son ignorantes. Tal vez son inocentes. Tal vez han sido engañadas egoístamente para aferrarse a las flores que se ansiaron tanto. Puede que sean un camino para buscar una cura. Una sobredosis con el objetivo de deshinibirse de la putrefacción en aumento, de olvidarla, de soñar con revertirla. 

Inoculación y caída. Tronco y ramas. 

lunes, 17 de mayo de 2021

No son moscas

Zumbidos. Los presiento tras mi oreja. Intensos. Constantes. Crecientes. No pararán pronto. Son conocidos. Aquellos de los que en un principio huí. Aquellos que creí silenciar. Aquellos que me recuerdan que no. Aquellos que nunca quise que escucharan.

Siempre estuvieron, quizá lo estarán siempre. Se esconderán, pero despertarán cada día junto a mí. Juntos soñamos con su expiración. No estamos listos para despedirnos. Me pregunto si yo también seré capaz descifrar por qué me empeño en poner un cielo azul entre tanto trasto. Esquemas que zumban y se resquebrajan. ¿Por qué no hacen ruido al romperse?

Cimientos jóvenes que nunca esperaron enfrentarse a una tormenta antes de su madurez. Sus relámpagos zumban de forma temerosa. Quizá no desea causar una catástrofe. 

Zumbidos entrelazados. Son alarmas que ruegan por su defunción, una melodía dulce.

jueves, 25 de febrero de 2021

Guerreros invisibles

No lo veis.

Estoy intentando salvaros. Todo esto es para otorgaros el orgullo que vosotros mismo exigís. Queréis ser escaladores cuando no hay una cuesta a través de la que estéis dispuestos a caminar. Vais cuesta abajo, hacia un muro del que no os puedo proteger y que os engullirá.Y no vais a salir de él. Lo sabéis. Respiráis aire del cementerio que tenéis cada vez más cercano. Os hundís y me hago botella de oxígeno sólo por vosotros, pero me consideráis gas mostaza. Yo no soy así. Vosotros me hacéis de este modo.

Siempre decís que lo sois. Libráis guerras invisibles. No lo sois.

Os estoy mintiendo. Quizá no os estoy intentando salvar a vosotros, sino a mí. Quizás necesito esforzarme en proteger y liderar a otros para redimirme de mí mismo, de lo que me he hecho. Eterna duda. ¿Estoy incapacitado o no tengo capacidad? Ser flotador vacío. Quizás también os estoy utilizando. Quiero algo que nunca logré alcanzar y sois mi herramienta. Sois el medio que se me ha dado. Quizá únicamente sois unidades numéricas que no significan nada más para mí. Quizá por haber sido inútil en la lejanía quiero ahora que habéis llegado a mi vida ser algo más.

Creía que era uno de verdad. Quizás soy menos que vosotros. No quiero ser invisible. Prefiero no ser.

Ambos nos sentimos bien en la miseria. Yo simplemente soy un actor. Salir de la miseria no me causa sino más miseria. Vosotros sabéis dónde estáis y habéis encontrado la comodidad en ella. No os puedo pedir lo que no podéis y lo que no queréis darme. No puedo pediros que seáis ellos. No puedo pediros que me traigáis de vuelta lo que allí se quedó.  Fueron mi oxígeno y me salvaron un tiempo. A cambio me dejaron una secuela fruto de la adicción que no podéis satisfacer. Os dejaré de hacer mal. No soy un guerrero porque me rindo.


Intenté salvaros. No pude salvarnos. Nunca me lo pedisteis.

Yo tampoco.