Sientes como la soledad te inunda. Pensabas que estás acompañado y no, en realidad estás sólo. Te ves marginado en un banco en plena calle escribiendo. Escribiendo lo que está dentro de ti, y que no quieres que salga de ahí, pero tienes la necesidad de expulsarlo a través de la tinta de ese bolígrafo. Ese bolígrafo que apenas lleva contigo unas horas, pero que ya que te conoce casi tan bien como tú mismo, ese bolígrafo que lleva dentro todos tus sentimientos, tus muchas penas y tus pocas alegrías. Te sientes como ese pastor que solo tiene a las estrellas como amistad, pero esas estrellas le abandonan. Está con ellas un pequeño rato, pero después desaparecen, sin decir una palabra de despedida, un gesto de adiós, nada.
Ves en ese banco a niños pequeños jugando y riendo, y sin darte cuenta gesticulas una pequeña sonrisa, pero esta se va lentamente, porque ves la cruda realidad. Tu ya pasaste esa etapa, no tan bien ni tan feliz. Sufriste por los problemas que no deberías haber sufrido, y sufrías temiendo el final. Y ya está aquí, llegó el final de esa etapa, y ya estás en otra, y estás triste, porque sabes que tanto tú como esos niños, que antes reían y saltaban, luego llorarán y caerán; y que al igual que tú, pasareis varias etapas, y luego otras, y otras; hasta que solo quede una, la última. Esa etapa que tanto temes que llegue, porque ves que todo termina y que has malgastado mucho tiempo, demasiado tiempo. Y solo tienes dos opciones, creer o no creer. Tienes fe, crees con seguridad, pero siempre están los momentos angustiosos en los que apenas puedes recapacitar en lo que crees, y si crees o no. Intentas creer más y más, pero te resulta difícil, y solo tienes una cosa segura, que hay un final, no sabes si el de ''una etapa'' o un final definitivo.
Y te ves solo, muy solo. Todos necesitamos a gente verdaderamente compatible con nosotros, que nos entiendan, que nos animen, que nos ayuden, que nos aguanten. Una amistad, un familiar, una pareja... Pero ves que pocas personas de ese tipo existen a tu alrededor. Y te das cuenta de lo siguiente:
Todos venimos solos a este mundo, y nos vamos de él solos.
Y todo esto sale de mí, un simple chico de quince años, a través de la tinta de ese bolígrafo, un bolígrafo que algún día dejará de funcionar y quedará inútil, un bolígrafo de soledad.