miércoles, 13 de noviembre de 2013

Jardín de sombras

Nuestra vida es un jardín. A veces verde, a veces negro. A veces grande, y otras veces pequeño. Unas veces lleno de vida, otras muertos. Muy muertos. Tener un jardín requiere cuidarlo, regarlo día tras día. Tareas básicas, pero... ¿De qué sirve todo eso si tu jardín está habitado de plagas? Lo destrozan todo, día tras día y noche tras noche. ¿Lo riegas? Se contamina el agua. ¿Lo abonas? Destrozan el suelo. Destruyen las semillas que hay plantadas. ¡Qué gran pérdida! La semilla de la amistad, destruída. La semilla de la paz, masacrada. La del amor, más de lo mismo. ¿Y qué queda? Un terreno vasto, desértico, seco, oscuro, donde no reluce el Sol y donde sólo cae lluvia ácida. Eso no es un jardín, eso no es vida.

Tienes el apoyo de tus seres queridos, que cada vez son menos. Te dicen que es una mala racha. Te dicen que tu jardín estará tan verde como siempre, o más verde que nunca. Te dicen. Pero tú sabes que no. Lo que está perdido no puede encontrarse. has perdido miembros de tu familia, las rosas más rojas de tu jardín, que se han transformado en rastrojos podridos, que sólo están ahí para recordarte que se han ido, y que tú te vas a ir también. Perdiste hasta a la persona en que confiabas ciegamente. Ese lirio tan destacado que ahora es frágil, débil. Y por mucho que lo riegues, sabes que nunca volverá a ser como antes. No acepta el agua que le das. Ese lirio triste y desolado. ¿Por qué me echaste? Podría haber estado a tu lado. No volverá jamás. Tu lirio y tu jardín están muertos, y nunca revivirán.

Nuestra vida es un jardín. A veces verde, a veces negro. Y negro está mi jardín. Y no lo disfrutaré porque no habrá pájaros que canten. No habrá flores. No habrá hierba y no habrá Sol. Sólo habrá llanto y destrucción para todo lo que intente plantar en ese suelo estéril. Simplemente espero a la noche que todo lo envuelve, y que todo lo oscurece. Sólo espero a que la noche se lleve mi jardín.