¿Cuándo es demasiado? Mal formulado. ¿Cuánto y por qué es demasiado? Ni las cuentas de Bécquer ni las canciones de aquel que dijo que no es dueño de sus emociones sirven como respuesta. Las ramas sanas impulsadas por una raíz podrida y sus promesas están destinadas a entrelazarse inertes en el suelo la una sobre la otra tras la caída. Una caída que sube constantemente mientras mantengan la esperanza y la ignorancia.
Me pregunto si puede la raíz sanarse gracias a sus flores. Me pregunto qué hay detrás de su belleza, si hay un antídoto, si la esperanza que inocula es real o si simplemente es un castigo. Quizá simplemente existe como recuerdo de lo que se está creando y destrozando al mismo tiempo, enseñando lo que la rama podría haber creado y lo que está siendo asesinado antes de nacer. Creo conocer la respuesta.
Caminos inertes con una savia de aire viciado en su interior que ignoran que van a ser infectados y que se preguntan si serán los más extensos y si sus flores serán las más bellas o las únicas. No saben que no importa. No saben que da igual, que su destino es ese suelo que olvidaron que existía. Ignoran que su caída nunca ha estado más cerca y más lejos al mismo tiempo. Ramas que podrían lanzarse y reducir la debacle, pero que desean mantenerse unidas al robusto tronco sin conocer que bajo tierra sólo hay negro, putrefacción y enfermedad.
Tal vez no son ignorantes. Tal vez son inocentes. Tal vez han sido engañadas egoístamente para aferrarse a las flores que se ansiaron tanto. Puede que sean un camino para buscar una cura. Una sobredosis con el objetivo de deshinibirse de la putrefacción en aumento, de olvidarla, de soñar con revertirla.
Inoculación y caída. Tronco y ramas.
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