miércoles, 21 de noviembre de 2012

Antes del hospital

Aquí estoy, con el corazón en un puño mientras escribo esto. Me siento mal, no se cómo reaccionar a esto que se me viene encima... Una buena obra, una visita a un hospital de cáncer, ese enorme mundo de paredes blancas, de donde muchos entran y solamente unos pocos agraciados salen por voluntad de Dios. Me encuentro mal, muy mal, voy a entrar en ese blanco mundo sin obligación ninguna, y sé que lo voy a pasar muy mal, no sé si me mantendré feliz para divertir a esos pobres niños, esos niños de ojos vivos pero maltratados, lo que la vida les ha provocado. Unos pobres niños que llevan una carga enorme para su edad, como un pobre mulo recién nacido, al que se le pone un peso que ni un mulo adulto puede llevar. Y aún llevando una carga tal, sobre cada uno de los huesos y músculos de su cuerpo, son capaces de sonreírte y hacerte ver cómo somos muy afortunados. Sí, esos ojos, que pierden vida día a día, esos ojos que es imaginar y te entran ganas de llorar, porque lamentablemente se están apagando, se les va su luz, hasta que llegue el día que sean llamados, y se cerrarán para siempre, dejando a su paso la desolación y  corazones ahogándose en mares de lágrimas que no ofrecen consolación ninguna. Cada línea que escribo, cada pensamiento que plasmo, cada palabra entra en mi cabeza como un taladro, y me hace más difícil pensar que seré capaz de no derrumbarme. Cada sonrisa que haga, estará escondiendo una gran tristeza y unas enormes lágrimas. Todos y cada uno de los niños que vea se quedarán en mí, en mi interior. Aunque solo sea unas horas las que esté con ellos, se quedará en mi mente cada sonrisa, cada gesto, cada atisbo de felicidad en los labios de esos niños, a los que se que les queda poco tiempo, y desgraciadamente se que acabaré teniendo confianza con ellos, esos pequeños que se apagarán... Pero no, ya sufren bastante. Hay que ser fuerte y hacer que piensen algo menos en ese sufrimiento, y hacerles ver que estamos con ellos, a su lado, junto a su familia, para apoyarles y alegrarles un poco más esos pocos días que les quedan.
Lloro por mi mano estas palabras, que solo sirven para aliviar lo que pasa por mi interior, cuando se va acercando ese día en el que mi corazón tendrá que ponerse el disfraz de la felicidad, mientras que tras esa máscara y esos falsos ropajes no hará otra cosa que encogerse de dolor, sufrimiento y que en cierto modo morirá, se irá con cada uno de esos menudos chiquillos que se lo llevan consigo...
Un día cada vez más próximo, En el que habrá dos personas dentro de mí...

El tiempo y otros aspectos de la vida, un estado efímero de ánimo con fecha de caducidad.

La felicidad, qué gran sensación. Pero corta, muy corta, aunque haya quien no lo piense. La felicidad es un estado de ánimo, pasajero, en el que todo parece ir bien, genial, sin problemas, pero no. No es así. La felicidad te mete en una burbuja, la cual te deja ajeno a todo del mundo exterior. Dentro de esa burbuja estás bien, pero no quieres salir, lo que hay fuera es muchísimo peor, y lo sabes. Por eso te mantienes dentro todo el tiempo que puedas , esperando a ver cuanto tiempo dura esa felicidad, sabiendo que cuando salgas de ella te pegarán en la cara con todo lo que has estado evitando este corto tiempo.
Corto tiempo, tan corto como la vida, unas cuantas decenas de años, cuya gran mayoría está desperdiciada. Decimos que son pocas, y aún así nos aburrimos cada día. ¿Cómo vas a decir que la vida es corta si te aburres cada pocas horas?
Son segundos que han pasado, minutos que ya no están, horas que llegaron, días que se fueron, semanas que estarán, meses que se acercan y años que llegarán; pero todos ellos se  marcharán, para no regresar nunca jamás. Entonces se presentan dos opciones: Disfrutar o no disfrutar.
Disfrutas cuando aprovechas al máximo la vida, superas las derrotas y celebras silenciosamente las victorias, sin prestar atención al tiempo pasado y futuro, mientras que estamos otros, desdichados, que cuando parece que vamos a entrar en esa burbuja de felicidad, salimos automáticamente de ella, porque pensamos ''¿Cuánto tiempo nos queda de esto?'', ''¿Y si...?''. Se abre un abanico de dudas, porque se le da vueltas a todo ''¿Qué querrá decir eso?'' ''¿Es una indirecta?'' ''¿Cuando le dijo eso... iba sobre mí?''. Eso te hace ausentarte del mundo, ves a cada persona de una forma distinta cada vez... De un ''No podría caerle mejor'' a un mezquino ''Piensa que soy un pesado y me evita''. Así día tras día, comiéndote la cabeza sobre las personas que más aprecias... Solo pido sinceridad...

Pido esa sinceridad que tantos temen. Quien no quiera estar junto a mí, que lo diga, que soy pesado y canso, que se me cuente. Más vale una relación sincera y algo rota, que en un tiempo sanará, antes que una relación superficialmente perfecta, pero que no es nada y se romperá pronto.

Sinceridad, felicidad y cortitud. Tres palabras muy presentes en la vida, y de las cuales necesitaría una gran dosis de las dos primeras...

viernes, 2 de noviembre de 2012

Algo nuevo de qué hablar.

Una de las cosas mas agobiantes es encontrarte nuevo en un sitio extraño, sin conocimiento, sin idea de que te vas a encontrar, sin saber que va a pasar con la gente a tu alrededor. Todo ello se agrava cuando no es normal tu llegada...
Sales de un sitio, maravillado porque ya no tienes que aguantar todo lo que dejas atrás; y te encuentras en otro, y te ves raro, en mi caso más raro aún de lo que soy. Y de repente a alguien se le ocurre hablarte. Entonces esa sensación de agobio se calma un poco...
 Una simple sonrisa, y ya ves que todo parece que va a ir bien. Poco a poco te ves integrado en ese extraño y nuevo sitio, pensando que ya eres uno más. Haces conocidos, de conocidos a algo más conocidos, de algo más conocidos a amigos, y ahí, en algún caso, encuentras a gente maravillosa, desde un extranjero que no tiene nada en común contigo y resulta ser de lo mejor que te vas a encontrar, hasta gente comprensiva, que se esfuerzan y te tratan bien, cogen confianza contigo desde el primer momento y percibes que son bellísimas personas.
Nada puede ir mejor hasta que un simple día deciden hacerte la vida imposible. Te tratan mal, Te insultan, tratan de hacerte de todo sin ningún motivo. En ese momento ves que todo lo que habías construido tan rápido y fácilmente se desmorona sin saber ni siquiera el porqué. La gente te parece que te da la espalda, apenas nadie te apoya, algunos no se ponen a defenderte por miedo, y todo lo que creías tener se desvanece como un rayo de luna. Y ves que al menos hay alguna persona que se preocupa por ti, pero no es suficiente, por mucha ayuda que te preste esa persona no se puede luchar contra tantas personas a la vez. Ese momento es cuando descubres que saliste de un sitio horrendo pero más controlado que a donde fuiste a parar. Y te entra de todo por el cuerpo. Es tu futuro, y hay gente que por diversión te lo quiere destrozar.

Te encuentras en un pasillo sin salida, con un solo espejo delante que refleja tus fracasos. Pero de repente tras ese espejo aparece una puerta, una puerta hacia algo nuevo y a la vez conocido, algo que se repite, volver nuevo a un sitio, y sientes que ya no sabes si va a ir bien, si va a ir mal, si te hablarán, si serán comprensivos, no tienes ni idea, solo sabes que te agobias porque sabes que no hay una tercera oportunidad de que no te destrocen la vida, ese es tu nuevo sitio y debes quedarte allí, pase lo que pase...
Imaginas que llegarás, pasaras varias horas entre soledad y miradas extrañadas, en el mejor de los casos, si no te obligan a contar tu vida o cómo eres ante tanta gente, gente que no conoces de nada, y a las pocas que sí, no quieres estar detrás de ella todo el rato, eso no es estar bien en un sitio. Hay que integrarse, pero visto lo que has vivido antes... No sabes si intentar poner de tu parte o quedarte solo, cerrado ante todo el mundo, que no sepan nada malo de ti, pero tampoco nada bueno.
Pero eso es solamente una imaginación, todo puede ser peor, mucho peor...