Temor a enfrentarme a esta hoja en blanco. A tratar de desatar los nudos que han estado acumulándose durante meses. Temor a pensar. Temor a mirar atrás y ver cómo las que fueron prometidas como mejores páginas de este libro carecen de sentido y rebosan palabras vacías, cáscaras quebradas de una historia que se hunde en lo irrelevante de una predicción sin fundamento.
Sentir que cada vez caminas más despacio y que al mismo tiempo no puedes disfrutar del paseo. Tu cáscara está, pero tú no. Angustia. Estás en una nube que te acerca al abismo de perder todo lo que tenías abajo. Quieres aferrarte a ello. Pero vas despacio. Y te alejas. Y no eres capaz. Angustia.
Miedo a dudar. A hacer temblar los cimientos que tus decisiones tomaron. Miedo a pensar en la posibilidad de huir. Miedo a realmente valorar tus opciones. Miedo a reflexionar sobre aquello que elegiste. Miedo a soltarte. Miedo a no hacerlo.
¿Cómo es la vista a mitad de la caída?
Solamente dudas. Trajes de luces en caminos oscuros que anestesian dulcemente y transportan a un pozo sin fondo. Dudas. Tratar de sostenerse o virar, si es que acaso es posible cambiar el rumbo. Dudas. No saber si eres tú o tu cáscara. Dudas. Tratar de huir. Dudas. Culpable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario