sábado, 1 de febrero de 2020

Planetario


Tormenta ennegreciendo el cielo. Necesito salir de aquí. Oportuno papel inesperado a mi lado. ¿Cómo sabías que te necesitaba?  ¿Poseo libre Albedrío o soy sólo una máquina previsible? Dolor en pecho. Dolor a ambos lados de la cabeza. Mi cuerpo me dice que quizá no debo estar aquí. Aquí.

¿Aquí es un lugar o es tiempo? ¿Cómo se escapa del tiempo? Ni siquiera sé si es posible huir de él. El tiempo acaba y sigue a la par. El tiempo se agota y cada segundo es una cláusula de un contrato que no firmé. No firmé una cuenta atrás. No firmé tiempo. No firmé aquí. Sigue el dolor. Se extiende a las manos.

Romper el trato. O agarrarme a él mientras el tiempo corra. Tiempo sin sentido. ¿Por qué apreciamos tanto un tiempo que no hemos pedido? ¿Por qué damos tanto valor a un falso regalo que realmente es una condena? Si nunca lo hubiéramos recibido, no lamentaríamos su constante e inevitable pérdida. El dolor que se extiende a mi vientre.

Y sigue aumentando la cuenta de segundos que reducen mi espera. También la tuya. Pero no quiero esperar solo; y no encuentro ninguna mano que me apacigüe en esta habitación. Existencia atascada siendo rebasada. ¿Qué hay más triste que no querer perturbar gritando en busca de esas manos que mil veces te han salvado porque te has dado cuenta de que avanzaron sin ti? No quiero esperar.
 Ya sé cómo acabar con el dolor.

Estrellas a tropel. La tormenta se diluye y el viento calla. Hoy sois mi guía. No voy a esperar. Aquí no necesito un Frac azul. Hoy intento llegar a vosotras.