Zumbidos. Los presiento tras mi oreja. Intensos. Constantes. Crecientes. No pararán pronto. Son conocidos. Aquellos de los que en un principio huí. Aquellos que creí silenciar. Aquellos que me recuerdan que no. Aquellos que nunca quise que escucharan.
Siempre estuvieron, quizá lo estarán siempre. Se esconderán, pero despertarán cada día junto a mí. Juntos soñamos con su expiración. No estamos listos para despedirnos. Me pregunto si yo también seré capaz descifrar por qué me empeño en poner un cielo azul entre tanto trasto. Esquemas que zumban y se resquebrajan. ¿Por qué no hacen ruido al romperse?
Cimientos jóvenes que nunca esperaron enfrentarse a una tormenta antes de su madurez. Sus relámpagos zumban de forma temerosa. Quizá no desea causar una catástrofe.
Zumbidos entrelazados. Son alarmas que ruegan por su defunción, una melodía dulce.
No hay comentarios:
Publicar un comentario