Necesitas escapar de aquí. No puedes más. Siempre te han llamado afortunado por lo que tienes, por cómo eres tratado. Por cómo creen que es tu vida. Nadie mira detrás. La sonrisa fuera de la puerta no existe tras la misma. Pero siéntete afortunado, porque mucha gente no tiene cuatro paredes y un techo bajo el que vivir. Muchos no tienen a nadie con quien compartirlos. Quéjate y serás un desagradecido. Quéjate y no sabrás valorar lo que tienes. Quéjate y serás un exagerado. Todos te juzgan; nadie busca detrás de esa puerta.
Esas paredes y ese techo no son tu refugio. Sigues siendo juzgado, machacado y hundido. No hay un punto de apoyo. No hay preguntas. Sólo hay horarios, órdenes y gritos. No hay un sólo punto de la casa que sea tuyo. Nunca tuviste intimidad. Siempre irrumpieron cuando quisieron. Nunca respetaron tus cosas, nunca has encontrado algo donde lo dejaste. Siempre que reivindicaste fuiste amenazado con golpes. Desespérate, por el tiempo que pierdes, por lo inútil que te sientes, por ser un animal de zoológico enjaulado tras cuatro paredes y un techo de cristal, donde no puedes esconderte. Te ven siempre, te señalan y te juzgan. Y comentan. Comentan mucho.
Quizás lo que más te duele es que, acostumbrado a sufrir eso por parte de la sociedad, también lo sufras por ellos. Soportas la paliza cada vez que te equivocas, y aceptas la desmeritación de tus logros. Es doloroso ver cómo tras las puertas eres inútil, fracasado y alguien que nunca ha logrado nada; y de éstas hacia fuera eres exaltado por los mismos que te hunden. ¿Por qué dicen que confían en ti en público y en privado no? ¿Por qué eres maduro e infantil a la vez? ¿Porqué eres dos personas? ¿Quién eres?
No lo sabes. No tienes confianza en lo que crees saber. Eres inseguro, no confías en ti mismo. Quizá esta doble personalidad impuesta no permite que te conozcas. Es muy triste, muchísimo que te pregunten cosas sobre ti y no seas capaz de responderlas. A menudo ni conoces tus gustos. A menudo tienes opiniones opuestas porque a menudo piensas distinto; porque a menudo no eres tú. O sí. No lo sabes. O eso crees.
Estas absurdas y mal redactadas líneas, elementos de este estúpido relato son ciertas para ti ahora. ¿Quién sabe si cuando vuelvas a leerlas, si alguna vez te ves capaz de pasar vergüenza recordando la basura que producías, opinarás lo mismo? Quizá mañana cuando despiertes creerás que todo esto es una simple inmadurez.
Lo único que has sabido con certeza toda tu vida es que estás enjaulado, en una jaula ornamentada y decorada con preciosas mentiras de cara al público, y empapelada por dentro de frío acero e inhumanidad.
Pero siéntete afortunado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario