martes, 13 de octubre de 2015

Pasado mañana

¿Por qué he vuelto más de un año después? Puede ser por simple añoranza. Quizá por desahogarme. Quizá simplemente quiero probar si soy igual que antes. Si escribo distinto. Quizá, si es posible, he empeorado.

Puede ser por muchas cosas, Posiblemente la más plausible sea el futuro. El futuro de pasado mañana. Una fecha insignificante que a mi alrededor suena expectante. Dieciocho años. ¿Qué más da? ¿Qué importa tener diecisiete o dieciocho años si nada cambia? Sólo es un número que te acerca al final.

Pensémoslo. Celebramos que nos queda un año menos de vida. ¿Tan desagradable, triste e insufrible es este viaje que queremos que finalice cuanto antes y celebramos que se acerque la meta? El ser humano no es comprensible. Queremos juventud eterna, pero celebramos la vejez, símbolo de tristeza e inutilidad. Cómo deben sentirse esas personas mayores, olvidadas como un juguete descolorido y lleno de polvo al fondo de una habitación. No todas la personas jóvenes piensan en eso, pero saben, por mucho que deseen esconderlo, que más pronto que tarde sabrán lo que es. Pasarán de ser los niños que olvidaron la pelota y el peluche por el móvil y al alcohol, a ser esa cosa olvidada. Cosa, porque ya no tendrán identidad, o al menos serán demasiado viejos para recordarla, y a nadie le merecerá la pena esforzarse por darles un nombre, un apellido. O un abrazo.

Son dieciocho. ¿Cuántos más va mi cuerpo a persistir? ¿Cuántas risas me quedan? ¿Cómo será? ¿Con quién será? Nadie puede responder, todos se preguntan.
Un día especial. No para mí. No voy a ser más adulto en dos días que hoy. Ni se me va a tratar de forma distinta. Bueno, a partir de ahora unos señores que dicen haberse preocupado por mí desde que nací, me pedirán que les de un voto. Ahora les sirvo, ahora me hablan. Quizás ser un nuevo objetivo para políticos, comercios, y bancos sea lo que me hace "adulto".
¿Cuántas veces hemos dicho que queremos ser adultos? ¿Dónde está todo lo que íbamos a tener cuando llegáramos a ese número? Yo estoy ya muy cerca, y no lo veo.

Me habéis engañado. Sólo soy un número. Uno de muchos, o quizá de pocos. Ya lo sabremos, o mejor dicho, ya lo sabréis. ¿Me lo diréis? ¿Estaré ahí para escuchar?

Viejos o jóvenes, todos somos un número. Y pasado mañana seré un número más cercano a mi vejez, a mi muerte. Pero quizá, como dijo un viejo número, "Algún día seremos suficientemente viejos para comenzar a leer cuentos de hadas de nuevo."

No hay comentarios:

Publicar un comentario