Las nueve de la noche.
Ese barrio tan silencioso y tranquilo nunca había sido famoso ni frecuentado por mucha gente. Los vecinos no eran problemáticos ni se llevaban mal, sino al contrario, eran como una familia, entre otras muchas cosas se ayudaban sin pedir nada, colaboraban en todo, es decir, era un barrio ejemplar.
Pero esta felicidad y paz no duraría mucho más. Un oscuro secreto estaba a punto de hacerse público...
Tres meses habían pasado desde que la familia Wister había llegado al barrio en sustitución a una mujer que tenía que irse a otro país por motivos de trabajo. Era una familia muy solitaria, y nadie sabía nada sobre ellos, e incluso había oscuros rumores a su alrededor, algunos de ellos disparatados, pero que no habían sido desmentidos. Marc Wister tenía una esposa, Clarisa, con la que había tenido una niña de dieciséis años y un niño de doce. Ambos niños eran muy solitarios como sus padres, no participaban en clase y en el recreo se quedaban sentados los dos solos en un banco aislados del resto del grupo, y hablaban muy poco, al menos públicamente, aunque parecía que en su casa también lo hacían, puesto que no había nunca ninguna discusión ni risas ni nada, salvo un silencio espeluznante que reinaba en esa casa del día a la noche.
Nadie sabía el motivo de por qué habían llegado a ese barrio, y por mucho que las típicas ancianas metomentodo intentaban descubrir que pasaba o entablar amistad con la familia, nunca conseguían descubrir absolutamente nada.
La mañana del catorce de diciembre, el barrio apareció rodeado de policías y de coches patrulla, la hija de uno de los vecinos había desaparecido.
La última vez que se la vio fue cuando iba a casa de los Wister a pedirle un libro a su hija, ya que nadie de sus otros compañeros podía dejárselo. Ahora ellos eran los principales sospechosos.
Cuando la policía llamó a la puerta para llevarse a Marc Wister a declarar, la puerta la abrió Clarisa
* * * * * * *
lentamente e invitó a entrar a los policías. Tras un rato dentro se llevaron a Marc Wister en un coche para ser interrogado.
Nada se supo sobre el caso hasta dos semanas después, cuando Marc Wister reconoció haber matado a la niña. Hubo un enorme revuelo durante esos días. Marc Wister había sido condenado a pena de muerte. La casa de los Wister parecía abandonada. Nada ni nadie entraba o salía de esa casa. Ni siquiera los niños iban al instituto. Era tan extraño que muchos pensaban que estaba abandonada y que la mujer, Clarisa, había huido con sus hijos abandonado a su marido en prisión.
Todo el barrio se había puesto a ayudar a su vecino a encontrar a su hija. Este estaba destrozado, desde que su mujer le había dejado por otro con más dinero pero peor persona no le había salido bien nada. Le habían despedido sin razón alguna y Había fallecido su hermano hacía solo unas semanas antes. Esto ya le dio el último golpe que no podía soportar, ya solo le quedaba su hijo de dos años. Había incluso algunos vecinos que le vigilaban porque temían que se acabara suicidando.
También había algunos que decidieron buscar a la niña por los alrededores. Lo malo era que no había muchos sitios en los que buscar, porque solo había un pequeño bosque de unas dos hectáreas a los que era muy difícil el acceso.
A la mañana siguiente salió en las noticias que el hijo del hombre había sido hallado muerto. cuando los vecinos llegaron, el padre se había suicidado con un revólver, y había dejado una nota: ''Lo siento mucho, no he podido soportar esta presión, necesito estar con mis hijos''
Había quedado una cosa clara, Marc Wister no era el asesino.
Se planteaban dos nuevas preguntas: ¿Quién era el asesino? y ¿Por qué Marc Wister había confesado ser el asesino?
* * * * * * *
La pena de muerte hacia Marc Wister Había quedado denegada. Todo lo que pasaba en el barrio provocaba un revuelo enorme en todos los medios de comunicación. Había algunos vecinos que se vieron obligados a marcharse por miedo a que les pasara algo a sus hijos.
Todos los días interrogaban a Marc Wister buscando alguna pista. Pero no consiguieron nada. Decidieron interrogar a toda la familia, pero no sabían si estaban en su casa, así que si estaba vacía procederían a su registro en busca de algo que vertiera algo de luz en la investigación. Y se llevarían a Marc Wister con ellos.
Cuando llegaron forzaron la puerta al no recibir respuesta tras llamar. Cuando entraron encontraron a la hija de los Wister atada a la cama y la madre y el hijo con grandes heridas y magulladuras. Entoncce el padre se desmoronó y confesó:
''En realidad no he sido yo el asesino de esa pobre niña, no tuve nada que ver. Ha sido mi hija. Todo se remonta a hace dos años, trabajo de investigador científico de la universidad, y un día tuve que llevarme una probeta a casa para ver su comportamiento, pero mi hija la vio y al cogerla le cayó un poco en el brazo, y desde entonces a ciertas horas causa una reacción en su cerebro que le obliga a actuar en contra de su voluntad. Desarrollé una cura, pero los elementos necesarios solo se encuentran en este bosque, por eso vinimos''
Al momento de enterarse los agentes, la madre, al ver que cogerían a su hija, corrió hacia un agente y le quitó el arma, y les disparó; y los policía no tuvieron mas remedio que hacer lo mismo para defenderse.
Cuando la mujer se quedó sin balas, les detuvieron.
Al final ella fue ejecutada y su marido acabó en la cárcel por encubrimiento.
Su hija entró en un hospital especial.
Todo había terminado... O no...
''Última hora, ha habido un extraño suceso en el hospital científico, Una joven de unos quince o dieciséis años ha huído de allí, dejando a su paso un médico muerto y a tres pacientes de su misma habitación con magulladuras y serias heridas por todo el cuerpo. Al parecer ha huido por una mampara que había en la sala de operaciones''
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