jueves, 24 de octubre de 2013

Y hace un año ya.

Diecinueve de Octubre, seis de la mañana. ¡Levanta! ¡Levanta! No hay respuesta. ¡Abre los ojos! Siempre igual, qué pesada es mi cabeza, siempre despertándome. A ver cuándo se calla y me deja dormir hasta la hora que quiera. En fin, ¡a vivir la vida!. Qué contento estoy, hace sólo setenta y dos horas estaba con mis padres y mis abuelos, todos juntos celebrando mi cumpleaños, felices, reunidos en familia, qué bien. Bueno, habrá que hacer la cama y desayunar, que si no voy a llegar tarde a clase. Hoy he conseguido llegar diez minutos antes a clase. Vaya, ésto está vacío. No hay ganas de encender la luz, la dejaré así. Anda, ya llega gente.
--¡Hola Cristina! ¡Buenos días, Carmen! ¿Qué tal? Yo muerto de sueño. ¿Qué hay a primera? Puaf, filosofía, otra vez a aguantar a la pesada ésta... Qué asignatura más inútil, ¿verdad?
Ya llegan los canis. Qué tontos son. Si no fuera por Cristina, Carmen, Caio y Elena esta clase sería un asco. En fin, comienzan las clases. Una hora menos para el recreo. Otra. Ya sólo quedan diez minutos. A ver si se acaba ya la clase de Historia. ¡Bien!
Ya estoy al fin en el patio, con Diego, Félix y Caio. Me aburro un poco, como siempre. De todas formas es mejor que dar clase de francés. Hoy hay mucho griterío, parece que la gente está revuelta. ¿Qué pasa?¿Y esa gente? ¿Por qué se acercan? No conozco absolutamente a nadie, sólo a dos o tres de mi clase. Encima de los canis, vaya suerte. Me están rodeando. Un puñetazo de nerviosismo me presiona el estómago, ahora revuelto. El "farlopa" se acerca a mí, con su cara de elfo, y con un gesto de satisfacción en su rostro, un rostro que nunca olvidaré.
-¿Qué dices de mí?
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo?
-No te hagas el gilipollas, lo sabes bien.
-No te he insultado en ningún momento.
-Claro que lo has hecho, pedazo de mierda. Has dicho que somos gilipollas y que los que llevamos pendiente somos maricones.
-Eso es mentira.
-Lo pusiste en Twitter.
-Puse que me resultaba extraño que un hombre llevara pendiente. Y dije que yo no lo haría. ¿Acaso he puesto tu nombre?
-No, pero no somos capullos. Has insultado a todo el instituto.
-Venga ya. Ni siquiera conozco a la mitad de esta gente. Soy nuevo, apenas llevo un mes aquí. ¿Cómo voy a insultaros si no os conozco?
Se queda callado un instante. Creo que ha entrado en razón. No, de eso nada, abre la boca como para decir algo, y se acerca aún más. Justo en ese momento llega la guarda, y todo el mundo desaparece. Toca la campana.
No puedo concentrarme. ¿Por qué ha pasado esto?  No he insultado a nadie, todo mentira. Y así me llevo el resto de las horas, hasta que suena la campana de nuevo. Al fin terminan las clases. Bajo las escaleras que dan a la calle. Escucho una conversación muy extraña:
-Un momento que le voy a callar la boca a éste.
-Vale, te espero.
Cuanto antes salga, mejor.
-¡Tú!
Sigo adelante
-¡Eh, tú!
No miro atrás, tengo que mantenerme tranquilo
-¡Tío te estoy hablando!
La voz suena demasiado cerca, tengo que girarme. Me giro.
-¿qué quieres?
-¡Gilipollas!
Se acerca a mí y me agarra por la camiseta. Aún recuerdo qué camiseta era. Una azul con manchas blancas. Me la había puesto muchas veces en vacaciones, cuando disfrutaba. Pero no era el caso esta vez.
-¡Suéltame ahora mismo!
-¡Te voy a partir la boca!
-¡Tranquilízate! ¡Hay padres delante! ¡No quiero hacerte daño! Ahora me doy cuenta de qué estupidez he dicho. No va a tranquilizarse.
-Pues más te vale no hacérmelo.
Intenta darme un puñetazo en el mentón. Es tan bajo y flaco que es fácil bloquearlo.
Puñetazo al ojo. Lo desvío y me da en la oreja. Me suelta.
Entonces desaparece entre un montón de sus amigos que se lo llevan. Porque claro, él está indefenso.
-¡A ver si te atreves a decirnos algo otra vez!
-Al que se lo voy a decir es al director, subnormal.
-¡Estamos fuera del instituto! ¡Aquí no me pueden hacer nada!
¿Tiene razón? Ha sido justo en la puerta. Sigue siendo el instituto.
Ya se demuestra la incompetencia de los profesores. Hasta el Lunes no me dejan hablar con nadie.


En casa la cosa sigue mal. No he sido capaz de contener las lágrimas. No he salido de casa, sólo ese mismo viernes, y por obligación. Mis padres y yo iremos el lunes a hablar con el director.


Lunes. El director es otro incompetente, no va a tomar cartas en el asunto. Hay que denunciar a la policía, pero aún no. Hay que esperar a ver si la situación mejora. Se está poniendo muy mal la situación. Hoy todas las horas de clase son lo mismo. Insultos, risas a mi espalda y cosas que me tiran. Chicles, papeles, etc. A la salida nada bueno. Mi madre se enfrenta a ellos. Por suerte no pasa nada.

Martes, más de lo mismo. No, hoy cambia algo, hoy son mis abuelos, mis padres y yo. Todos rodeados por ellos. En cualquier momento se puede liar. En cualquier momento puede empezar una pelea. En cualquier momento puede pasarle algo a quien quiero. Una patada en la pierna, y antes de que pueda responder ya hay dos agarrándome. Al final como ovejas cobardes todos se van, hiriendo más mi orgullo que mi pierna.

Miércoles. Nada cambia. Hoy a la salida más amenazas. Me derrumbo. Entonces es cuando pasa Carmen y me despide con una mirada de preocupación, pero de apoyo. Saco fuerzas de la nada.
Me dirijo a la comisaría, con mis padres y mi abuelo. Allí me ponen como a una buena persona, responsable, valiente, etc. Pero yo no me veo así. me siento miserable, inútil. Un saco de boxeo al que pegar cuando tienes que encontrar una vía de escape. Y estoy destrozado. No puedo más. Pasan los días...

No he ido a clase en tres días, y aún hay que ir a la delegación. Espero no encontrarme con él aquí. Como eso pase, no voy a poder controlarme. Al final nada. Todo normal. No habrá juicio. Pero yo no puedo más. Es demasiado para mí. Sólo deseo acabar...

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Más de trescientos sesenta y cinco días. Todo ha cambiado desde entonces. Hay gente que ha llegado, y hay gente que se ha ido. De las personas que conocí allí, muchos me dejaron de lado por miedo. Otros tantos se unieron a ellos. Y una persona tuvo el valor que yo no tuve y deseé. Quería irse. Y fue valiente. Y se fue. Una valentía que yo deseé tener, pero que no apareció. La valentía de acabar con tus problemas. ¿Qué mas da ser egoísta con la gente que te quiere si no hay nadie que te quiere? Y otra persona, mi mejor apoyo, mi único apoyo. La persona que me daba fuerzas, la persona que me defendía públicamente. La persona que me engañó. La persona que jugó conmigo. La persona que no quiso saber nada más de mí aunque yo la tratara mejor que nadie. Y todos se han ido. Y nadie está. y vuelvo a estar solo, con un pasado escondido. Y ese pasado me seguirá toda la vida. Nunca nada volverá a ser lo de antes. El mundo ha cambiado. Yo he cambiado, y no volveré a ser el mismo. El niño que fue con ilusiones y felicidad a aquel sitio ha muerto. Y no revivirá. Se acabaron los sentimientos. Se acabaron las risas. Se acabó el amor. Se acabó la vida.
Y hace un año ya.

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